Crecer como emprendedor
¿Cómo aprender a decir que no y cuidar tu agenda?
Jaime Lokier explica por qué tu agenda debería ser tu jefe y cómo poner límites para que lo urgente de los demás no se coma lo importante.
Por Jaime Lokier
Respuesta corta
Jaime Lokier propone cuatro pasos: tener una sola agenda, escribir cada noche los tres objetivos más importantes del día siguiente, agendar todo lo que de verdad importa y respetarlo como si fuera tu jefe, y revisar la agenda cada mañana. La diferencia está en orientarte a resultados, no a horas trabajadas.
Si observas a la gente que ocupa los lugares más altos de cualquier organización, incluida tu empresa de redes de mercadeo, te vas a dar cuenta de que por fuera son todos diferentes. Hay unos muy agresivos y otros muy apapachadores, unos muy directos y otros que siempre dicen las cosas entre líneas. Pero en el fondo comparten muy poquitas cosas. Y una de las que yo, Jaime Lokier, más veo repetirse es esta: cómo entienden su tiempo y, por lo tanto, cómo lo manejan.
Qué tan valioso es un recurso depende de qué tan difícil es conseguirlo. El oro y el diamante valen mucho más que el aluminio porque son escasos.
Y el recurso más valioso de todos es el tiempo, porque es irrecuperable. La persona que conoces con mucho dinero cada año tiene más dinero, y la que tiene muchos contactos cada año tiene más contactos, y la que tiene mucho conocimiento cada año sabe más. Pero todos ellos, hasta la persona más rica del mundo, tienen las mismas horas en su día que tú. Ni un segundo más.
Por eso no entiendo la frase “matar el tiempo”. Es como si agarraras todo tu dinero y empezaras a quemar billete por billete. Por supuesto que no lo harías. Y el tiempo vale mucho más que el dinero.
Darle al tiempo la importancia que tiene es el primer paso. El segundo es aprender a manejarlo.
Recuerdo una entrevista a un conductor de televisión muy famoso en Estados Unidos, con varios negocios funcionando al mismo tiempo, todos exitosos, y metiendo proyectos nuevos en su vida. La conductora le preguntaba cómo podía con todo eso, cuál era su secreto. Y él respondió: “No tengo ningún secreto. Lo que pasa es que manejo mejor mi agenda”.
Esa es la clave. Todo lo que vale la pena en este mundo te va a tomar tiempo, y todo el tiempo que pierdas te pone en desventaja contra el resto. Una vez que entiendes eso, tienes que aprender a manejar tu agenda.
Y si estás construyendo un negocio de redes de mercadeo, hoy más que nunca. Ahora vas a tener que hacer malabares con más manos: si antes tenías un empleo, ahora tienes un empleo y un negocio.
Yo también fui de los que decían “no necesito agenda, tengo muy buena memoria”. Créeme, tener una agenda hace toda la diferencia. Automáticamente te pone en el plano de la gente más productiva, y la productividad está directamente ligada al éxito.
Puede ser de papel, si te gusta a la antigüita, o digital. Si te da lo mismo, yo te recomiendo la digital, porque la tienes en tu computadora y en tu celular y se actualiza sola en todos lados. Y ten una sola, aunque uses colores distintos para distintas actividades: una agenda donde tengas todo.
Aquí está la diferencia entre los que más logran y todos los demás. La gente en los puestos medios y bajos de una compañía está orientada al trabajo: lo que importa es ir y cumplir un horario. La gente en los puestos más altos está orientada a resultados. No importa cuántas horas pasen sentados en su sillita de la oficina; lo que importa es que cumplan objetivos que tienen muy claros.
Ese es el hábito que quiero que desarrolles. Todas las noches, antes de dormir, escribe los tres objetivos más importantes que quieres cumplir al día siguiente. Tengas mucha o poca actividad, piensa cuáles son esas tres cosas con las que no te vas a dormir sin lograr.
Y si tienes un negocio propio, que al menos uno de esos tres sea para tu negocio, todos los días. La gran diferencia entre un gran escritor y uno mediocre es que el grande escribe todos los días. La gran diferencia entre un gran networker y uno mediocre es que el grande avanza todos los días, aunque sea un pasito.
Ya que sabes tus objetivos, pon en tu agenda todas las actividades importantes para ti. Si es importante llamar a tus papás, ponlo en tu agenda. Si es importante ir al gimnasio, ponlo en tu agenda. Aquel conductor de televisión decía que tenía un bloque fijo todos los días en el que no respondía llamadas ni aceptaba reuniones, porque lo que está en su agenda es lo que marca su vida.
Yo soñaba con no tener jefe para ser libre. Cuando por fin lo logré, mi vida era un desastre: no sabía qué hacer ni para dónde irme. Así es que tuve que ponerme mi propio jefe, y hoy mi jefe es mi agenda. Ella decide dónde tengo que estar y qué puedo y qué no puedo aceptar. Si para mí es importante una cita con mi esposa, está en mi agenda. Lo que está en mi agenda manda, y no pongo nada encima.
Agrega sobre todo esas cosas importantes que sueles relegar, porque son las que te hacen feliz. Y si estás en redes de mercadeo, agenda también las actividades que más dinero producen y que más se suelen dejar “para cuando haya tiempo”: invitar, presentar y dar seguimiento. Cuando le preguntaba a gente nueva cuándo iba a hacer sus llamadas y me respondía “en algún momento que tenga tiempo”, ahí estaba el error. Un profesional tiene un espacio designado para lo más productivo. Si un día solo tienes media hora para tu negocio, que sea para eso. Y el día que tengas más tiempo, que la mayor parte también.
Como parte de tu ritual de la mañana, antes de salir a darlo todo, revisa tu agenda. Así empiezas con claridad absoluta de qué vas a hacer hoy y, sobre todo, de qué quieres lograr hoy. Nada de andar divagando y preguntándote “¿y ahora qué hago?”. Tú no tienes tiempo para perder.
No lo dejes para mañana. Aunque hoy no tengas agenda, toma un pedazo de papel, escribe tus objetivos y tus actividades de hoy, y en la noche programa el día de mañana.
Mucha gente los confunde. Actividades son muchísimas: todo lo que haces en tu día, desde llamar a tus papás hasta cada reunión que tengas. Objetivos son solo tres: las cosas que no te puedes ir a dormir sin lograr.
Y un objetivo tiene que depender de ti y de nadie más. Si algo está en manos de otros, puede ser una meta del equipo, pero no un objetivo de tu día.
Lo que tú le enseñes a tu gente es lo que tu gente va a aprender a hacer. Eso no quiere decir que todos lo hagan. Quiere decir que les aclaras el camino. Si a cada persona nueva, en cuanto entra, la sientas y le explicas paso por paso cómo se hace el negocio y cuánto tiempo al día dedicarle, una parte lo va a entender y lo va a replicar. Si no se lo explicas, no lo va a hacer nadie.
Y lo más importante: da el ejemplo. Si tú no lo haces, nadie lo va a hacer. Tú tienes que ser el primero en hacer todo lo que esperas de tu equipo. Esa es buena parte de mi historia como entrenador de líderes.
¿Cuántos objetivos debo ponerme al día? Tres. Son las tres cosas que no te puedes ir a dormir sin lograr. Las actividades pueden ser muchas más.
¿Cómo ayudo a mi equipo a organizar su tiempo? Enséñale desde su primer día cómo se trabaja y cuánto tiempo dedicarle, con un método que todos sigan igual. Y da el ejemplo: si tú no lo haces, nadie lo va a hacer.
Si tu equipo necesita dejar de medir horas y empezar a medir resultados, llévame a tu evento y lo trabajamos juntos.
¿Cuáles son los tres objetivos que no te vas a dormir mañana sin cumplir?
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