Comunicación e influencia
¿Qué errores dañan tu imagen como líder?
Jaime Lokier explica los tres errores que hacen que la gente huya de un líder en redes de mercadeo y cómo evitarlos para conservar su confianza.
Por Jaime Lokier
Respuesta corta
Para Jaime Lokier, el carisma no es ser gracioso: es hacer sentir bien a la persona que tienes enfrente. Se logra con cinco herramientas: cumplidos sinceros, específicos y concretos; hacer sentir importante al otro; sonreír de verdad; encontrar temas en común, y escuchar con atención haciendo preguntas abiertas.
Durante mucho tiempo se pensó que ser carismático y ser líder eran lo mismo. No lo son. Pero yo, Jaime Lokier, sí te puedo decir que el carisma es una de las formas de ganarte el derecho a liderar: una de las cualidades que más aumentan la influencia que tienes en tu equipo, en tu empresa o en cualquier grupo.
El problema es que casi todo el mundo lo entiende mal.
Cuando uno habla de carisma, la gente cree que se trata de ser más alegre, más ameno, de hacer reír a los demás. Y eso no es el carisma.
El carisma es lo que llamamos caer bien. Pero piensa en cómo usamos esa frase. Cuando te comes una sopita que te hizo tu abuelita y dices “ay, qué bien me cayó esta sopita”, no te refieres a que la sopa sea graciosa ni a que te haga reír. Te refieres a que te hizo sentir bien.
Eso es el carisma: aprender a hacer sentir bien a la persona que tienes enfrente. Y cuando aprendes a hacerlo con todo el que se cruza por tu camino, te vuelves esa persona de la que todos salen diciendo: “Oye, qué bien me cayó”.
La buena noticia es que hay maneras concretas de lograrlo. Te comparto cinco.
Es la más obvia: cuando le haces un cumplido a alguien, lo haces sentir bien. Pero para que un cumplido funcione tiene que cumplir tres cualidades.
Sincero. Si regresaste de vacaciones con unos kilos de más y yo te digo “qué flaco te ves”, en lugar de caerte bien te voy a caer mal, porque vas a pensar que me estoy burlando de ti.
Específico. “Qué rica estuvo la comida” se lo podría decir a cualquiera. Pero si te digo “qué buena idea ponerle un poquito de tamarindo a la salsa, nunca se me hubiera ocurrido”, sabes que te lo digo a ti, porque la única persona que le puso tamarindo a esa salsa eres tú.
Concreto. Si te digo que tu salsa es la mejor de la historia y que deberían darte el premio mundial de la salsa, vas a pensar que es broma y te voy a caer mal por intenso.
Sincero, específico y concreto. Y puede salir en cualquier momento. Hace poco, entrando al cine, le dije al señor que recogía los boletos: “Me encanta tu playera de Aladino, tiene una combinación de colores increíble”. Fue todo lo que dije. Unos pasos más adelante volteé y el señor seguía con una sonrisa de que le hice el día.
Si haces que la persona que tienes enfrente sienta que es valiosa para ti, automáticamente tú te vuelves valioso para ella. Si alguna vez estudiaste la pirámide de Maslow, recordarás que, después de sentirnos seguros, lo que más necesitamos los seres humanos es sentirnos importantes. Tony Robbins lo repite todo el tiempo.
La forma más común, y la que más deberíamos practicar, es llamar a la gente por su nombre. Cuando te llamo por tu nombre te estoy diciendo que no eres un número más: eres tan importante para mí que me sé tu nombre.
Pero cualquier detalle que recuerde de ti tiene el mismo efecto. Tú no te aprendes el nombre de los hijos de toda la gente que se cruza contigo en el metro. Te aprendes los de la gente que significa algo para ti. Entonces, si te pregunto “¿cómo vas con el restaurante?” o “¿cómo va tu niña con el patinaje?”, te estoy diciendo que me importas.
Esto es algo que yo realmente hago: cuando conozco a alguien que quiero mantener cerca, tengo un archivo con lo que sé de esa persona, cómo se llaman sus hijos, cómo se llama su pareja, qué le interesa. Si sé que a alguien le gusta la ciencia ficción y me encuentro algo de ese tema en redes, se lo mando. Con ese pequeño gesto le estoy diciendo que me acuerdo de lo que es importante para él.
Es muy básico y funciona siempre. Cuando veo algo que me gusta, sonrío; cuando veo algo que no me gusta, me cierro. Así es que, cuando te sonrío, indirectamente te estoy diciendo “me gusta lo que estoy viendo, me gusta lo que estoy escuchando”. Y a todos nos gusta gustar, a todos nos gusta ser aprobados por el otro.
Eso sí: hablo de una sonrisa genuina, no de una sonrisa de tigre hambriento. Esa ahuyenta a cualquiera.
A esto en ciencia le llaman rapport, que es lo que comúnmente conocemos como “hacer química”.
Nuestra mente aprende generalizando. Si meto la mano en el fuego de la estufa y me quemo, mi mente no aprende solo a no tocar la estufa: aprende a no meter la mano en ningún lugar donde haya fuego. ¿Y qué tiene que ver esto con el carisma? Que cuando veo algo que se parece a mí, me genera confianza. Porque yo me caigo bien, me quiero muchísimo, y lo que se parece a mí me hace sentir bien.
Hay técnicas complejas para generar esa química, como imitar la postura del otro. Lo que yo te propongo es más simple: encontrar cuanto antes un tema que tengan en común. En el momento en que puedes decir “ah, yo también”, la química aparece.
¿Por qué le llamo el efecto Necaxa? Tenía un amigo superfan del Necaxa, un equipo de futbol de México que en aquella época tenía poquitísimos aficionados. Nos burlábamos diciendo que era el único equipo donde los jugadores se sabían el nombre de todos los aficionados. Pero era increíble ver cómo dos aficionados del Necaxa que no se conocían se encontraban en la calle, se veían con la misma playera y se ponían a platicar una hora. Terminaban yendo a comer juntos. Casi casi se hacían compadres.
Mientras menos frecuente es lo que tienen en común, más emoción genera. Es como cuando estás de viaje en Europa, te encuentras a alguien de tu país y terminas recorriendo Francia con esa persona aunque nunca la habías visto. Así es que platica hasta encontrar ese detalle: que su cantante favorito también es José José, que ya casi nadie escucha. Ahí te vuelves su persona favorita de la noche.
La escucha activa es una técnica que se enseña en coaching: estar 100% atento a lo que la otra persona te cuenta. No puedes estar pensando en que dejaste los frijoles en la olla, ni en qué le vas a contestar, ni en lo que a ti te interesa platicar.
Y mientras escuchas, haces preguntas abiertas, y más preguntas abiertas, para que siga hablando. Una pregunta cerrada solo se responde con sí o no: “¿qué frío hace, verdad?”. Una abierta empieza con qué, cómo, cuándo, dónde, por qué, para qué o con quién, y le permite contarte más. Cuando la otra persona habla de sí misma está hablando de su tema favorito. Porque el tema favorito de todos somos nosotros mismos.
Te lo dice alguien que era patológicamente tímido. En un escenario no, ahí estoy en mi elemento, pero si me subo a un elevador con gente que conozco, todavía me descubro mirando el celular para no tener que platicar. No por mala onda, sino por timidez.
Lo que aprendí es que la timidez, que parece algo externo, está enraizada en una falta de confianza en uno mismo: en darle demasiada importancia al qué dirán. Y eso se trabaja por dentro. Date cuenta de cuáles son tus fortalezas, recuerda en qué eres bueno, demuéstrate cuánto te quieres y celebra cada pequeña victoria. Todo eso va enraizando la confianza y te va quitando la timidez. Si quieres saber cómo alguien tan tímido terminó dando conferencias, te cuento mi historia como entrenador de líderes.
Y sí, también se practica por fuera. No te burles, pero cuando aprendí todo esto pasé horas sonriendo frente al espejo, porque sentía que mi sonrisa era horrible. Hasta el día de hoy mi esposa se burla de mí porque en todas las fotos sonrío exactamente igual. Pero me dio seguridad para sonreírle a los demás.
¿Qué hago con la gente que es cortante y no se abre? Sigue siendo cortés, sigue sonriendo y aplica las cinco herramientas. Si aun así no se abren, sigue platicando con otras personas. No tienes que ser monedita de oro para todo el mundo.
¿Y si mi cara se ve seria aunque yo no lo sea? Lo que la gente percibe es la realidad: lo que tú creas que eres importa menos que lo que el mundo ve. Haz conciencia de tu expresión, sonríe más tiempo y fíjate cuándo te cierras sin darte cuenta.
Si quieres que tu equipo aprenda a ganarse el derecho a liderar con estas y otras herramientas, llévame a tu evento.
¿Cuál de las cinco herramientas te cuesta más, y con quién vas a practicarla esta semana?
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